REINA DE CALDEREROS. CARNAVALES 2012

Hoy es domingo de Carnaval. Hace muchos años que, por diferentes razones, dejé de participar activamente en ellos. Ni siquiera en los famosos Inauteriak de mi pueblo,Tolosa, en los que hace muchos años tantas veces perdí el sentido para pasar al otro del espejo y vivir la realidad con otra perspectiva. En cierto modo, frente al orden dogmático de la cuaresma eclesial, las carnestolendas – los días que preceden al miércoles de ceniza- eran propicias para gozar de la carne – en su sentido más amplio- y del don de la ebriedad – también en todas sus formas-  que diría el poeta Claudio Rodriguez.

Como única excepción, hace seis años, cuando todavía seguía vinculado a la Capitalidad Europea de la Cultura, las comparsas de Caldereros de Donostia/San Sebastián – que una semana antes con sus bailes y canciones anuncian la llegada del Carnaval- me invitaron a que saliera disfrazado representando a su reina, junto a mis damas de honor, Igor Otxoa, entonces Director Cultural, y Katerin Blasco Egia, responsable de comunicación.

Además de acompañar, subidos en una carroza, a las gitanas y caldereros de Hungría por las calles de la ciudad,  tuvimos que dar los discurso de bienvenida al Carnaval del año 2012 desde el balcón del antiguo Ayuntamiento en la Plaza de la Constitución.  Yo lo hice en castellano y las damas en euskara.

He aquí el texto que hasta ahora no había dado a conocer. Lo publico en mayúsculas porque así lo debí escribir para poder leerlo mejor. El tono jocoso esconde también cierta intención política.  No he encontrado por ningún lado la grabación del acto pero hay algunas fotos que dan buen testimonio de aquella fiesta o, mejor dicho, fiestón.   Seguir leyendo

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EL IM(POSIBLE) CENTRO MULTICONFESIONAL EN EL 2028

En la arquitectura religiosa el punto básico para su renovación son los problemas para la recreación del espacio religioso y para ello la primera regla sensata es la desocupación del espacio, limpiar de formas intermedias y parásitas simbólicas y ornamentales, el espacio interior. Abrir el camino directo entre el hombre y Dios, su propia intimidad de la conciencia”.

JORGE OTEIZA, 1958 

Cuando aquella fría mañana de los últimos días del año 2017, Felipe de la productora Zemos 98 se puso en contacto conmigo para proponerme escribir el guion de la siguiente película de Juan Bravo, pensé que no eran muy conscientes de lo que estaban haciendo. No me cabía en la cabeza que, conociendo mi estilo de escritura tan poco imaginativa, pensaran en mí para realizar una película de ciencia ficción que debía desarrollarse en el 2028. Había cientos de escritoras y otros tantos expertos narradores con mucha más experiencia y, desde luego, con más capacidad inventiva. De todos era conocido que yo no era muy creativo. Toda mi vida me había dedicado a mediar con el talento artístico de las demás. Como solía decir mi buen amigo Ritxi, mi trabajo se parecía mucho al de las hackers o al de los costureros. No en vano la palabra texere, que quiere decir texto en latín, significa también coser.

De hecho, mi principal metodología de trabajo era la gramática del contacto, esa forma de reconocer todas las voces y conocimientos que habían atravesado mi vida, que me permitía citar, reescribir a partir de otros textos, remezclar para volver a hacer y rehacer. Hay un escritor de Tolosa, mi pueblo, llamado Karlos Linazasoro –al que conocí hace muchos años cuando era alumno de mis clases de Historia del Arte en la Ikastola Laskorain- notable poeta y novelista, que ha inventado un nuevo verbo para nombrar esa forma de escritura que no tiene vergüenza en aceptar esa condición dependiente de la voz y el texto ajeno: plagiacitar. Cuando lo leí, le comenté que, en cuanto pudiera lo utilizaría, eso sí, mencionado el código fuente. Al fin y al cabo, el mutuo reconocimiento también supone la compensación recíproca.

A pesar de mis dudas, decidí aceptar la invitación porque el reto me lo proponían mis buenos amigos sevillanos que además iban a conmemorar el vigésimo aniversario de aquel pionero festival celebrado por primera vez en El Viso del Alcor.

Si había algo que me atraía de aquel encargo era la idea subyacente, la noción misma del viaje a través del tiempo como a Sidney Orr, uno de los protagonistas principales de La noche del oráculo, la célebre novela de Paul Auster, que leía cuando me llamaron, donde el director de cine Bobby Hunter le encarga escribir un guión basado en La máquina del tiempo de H.G. Wells. Seguir leyendo

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IMAGINARIO POPULAR NAVIDEÑO

Estos días navideños hemos vuelto a escuchar comentarios despectivos y han resurgido los debates locales y las trifulcas políticas en relación con las representaciones navideñas y la supuesta falta de legitimidad de algunas figuraciones contemporáneas que han intentado actualizar las “tradicionales” y, supuestamente, “auténticas” composiciones navideñas. Todos recordamos el lío que se organizó hace dos años con los cambios en las vestimentas y el estilo de la cabalgata de reyes madrileña –en el fondo otra escusa simbólica, parte de las guerras culturales, para atacar al gobierno de Ahora Madrid-; las discusiones sobre las reinas magas o los recién incorporados drag queen en la cabalgata de Vallecas.

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ARCHIVO, PATRIMONIO Y BIEN COMÚN

Hace seis años, el 9 de noviembre de 2011 se inundó Arteleku, el que fuera Centro de Arte y Cultura Contemporánea de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Una de esas experiencias institucionales públicas que se dejan atravesar y afectar por la vida y los deseos de sus habitantes. Aquel desastre natural y algunas decisiones políticas posteriores terminaron definitivamente con aquella pionera fábrica para artistas y espacio abierto al pensamiento crítico. Hace unos meses comenzaron las obras de construcción del nuevo barrio de Txomin Enea, una de cuyas plazas principales llevará el nombre de Arteleku, como pequeño homenaje a treinta años de historia de aquella institución artística y como huella indeleble de un tiempo pasado.

Ahora, un acuerdo entre el Departamento de Cultura, Turismo, Juventud y Deportes de la Diputación, el Decanato de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao y la Dirección de Acción Cultural de la EHU/UPV, con la colaboración de Tabakalera y su biblioteca de creación Ubik, permitirá que la memoria –“las memorias”, sería más correcto- el archivo y el patrimonio material e inmaterial de Arteleku se rehabilite y se ponga a disposición pública. Una memoria social -más que colectiva- recopiladora de múltiples fragmentos de microhistorias personales y comunitarias o de relatos subjetivos o narraciones, más o menos, objetivas.

 

Nuevo barrio de Txomin Enea y Plaza central denominada “Arteleku”

Cada vez son más las instituciones públicas que incluyen entre sus objetivos la digitalización de su patrimonio, a la vez que comparten y promueven su distribución en el ámbito del dominio público. La propia Diputación cuenta con Gure Gipuzkoa, un excelente repositorio abierto de imágenes sobre el territorio. Además tiene previsto poner en marcha un renovado y ampliado portal, denominado MetaG, donde se recogerán prácticamente todos los materiales patrimoniales de las diferentes colecciones de la institución. Otro tanto se podría decir del Mapping Album del Museo Zumalakarregi, que a partir de grabados del siglo XIX de municipios de Euskal Herria, mostrando como se ha transformado el paisaje, invita a realizar un viaje hasta la actualidad. También es muy recomendable el archivo de la Fototeca de la Kutxa, donde se pueden consultar más de medio millón de fotografías desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Seguir leyendo

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LEER Y ESCRIBIR EN LA ERA DE LAS MULTINACIONALES 

A mediados de octubre se celebró la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, probablemente la más importante de Europa. A finales de noviembre ha tenido lugar la de Guadalajara en México, a su vez, la primera feria de Latinoamérica y la más destacada del mundo en lengua castellana. En esta edición la ciudad de Madrid ha sido la invitada de honor. A principios de diciembre la de Durango en Euskadi, que desde 1965 viene siendo el mejor escaparate para mostrar la producción cultural vasca y especialmente la que se hace en euskera. Aunque cada feria tiene su propia identidad, todas son una ocasión excelente para tomar el pulso a la situación del mundo del libro y la lectura.

En las ferias, igual que en los festivales de cine o música, el frágil equilibrio entre iniciativa pública y privada o entre pequeñas empresas y grandes compañías, se manifiesta con todas sus consecuencias y contradicciones. En estas citas populares y encuentros de especialistas, también las clásicas dicotomías conceptuales de las que tanto se habla entre los profesionales de la cultura – calidad o cantidad; minorías frente a mayorías; cultura de élite o cultura popular; especialistas o aficionados; ensayo y experimentación frente a banalización; cultura y arte contra industria y negocio; multinacionales o editoriales independientes; grandes superficies comerciales o pequeñas y medianas librerías, etc.- adquieren rango de aporía, entendida como razonamiento donde surgen paradojas irresolubles. No es fácil afirmar y mucho menos dogmatizar si es “mejor” leer a la filósofa Hannah Arendt o a Paulo Coelho, escuchar Lady Gaga o Mozart. Está claro que los caminos hacia el conocimiento son inescrutables y cada cual es muy libre de elegir el suyo (habría que añadir también la dicotomía educación o negocio, en tanto en cuanto la industria editorial dedicada a los libros de texto juega un papel fundamental a la hora de señalar los vicios y problemas del sistema educativo. Este capítulo, por si solo, merecería una extensa reflexión ya que, además de que supone el mayor volumen del comercio del libro, es donde mejor se manifiesta la lenta transformación de los métodos de enseñanza en los colegios).

Ferias del libro de Madrid y Durango (País Vasco)

Más allá de las dificultades que implica intentar resolver las paradojas mencionadas, estas reflexiones que siguen tratan de analizar hasta donde, para los que seguimos pensando que el acceso a la cultura es un derecho social, podemos exigir a las administraciones públicas determinada política cultural de apoyo al libro o a la producción de contenidos y, por extensión, al fomento de la lectura, con todo lo que conlleva en los procesos formativos de las personas y de su emancipación. Seguir leyendo

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LA FURIA DE LAS IMÁGENES

Este año se ha celebrado la edición número sesenta y cinco del Zinemaldi (Festival Internacional de Cine de San Sebastián). A pesar de que ha llegado a su año jubilar, parece que su salud no se resiente, al contrario es probable que pueda llegar a centenario, como sus vecinos de Venecia y Cannes que ya se acercan al siglo de existencia.

En la medida que estos grandes eventos son también potentes maquinarias culturales suelen estar financiados con importantes recursos públicos. Aunque con la crisis –eufemismo que se utiliza para camuflar la desintegración del estado del bienestar- han padecido una reducción importante de esas ayudas, los festivales siguen cumpliendo una destacada función social en el marco de las políticas de apoyo público a la cultura, entendida como derecho. Para compensar esos desajustes también han tenido que recurrir al patrimonio privado que, debido a la alta rentabilidad mediática de este tipo de eventos, han acudido en su ayuda sin dilación.

Tal vez sea en estos grandes festivales de cine –también los musicales, ferias de arte o del libro- donde el frágil equilibrio entre iniciativa pública y privada se manifiesta con todas sus consecuencias, tanto en lo que tiene de positivo como en sus flagrantes contradicciones. En estas grandes citas populares y encuentros de especialistas, las clásicas dicotomías conceptuales de las que tanto se habla entre los profesionales de la cultura – calidad o cantidad, minorías frente a mayorías, especialistas o aficionados, ensayo y experimentación contra espectáculo y banalización o arte contra industria- adquieren rango de aporía, entendida como razonamiento donde surgen paradojas irresolubles. Como ejemplo, ahí están para demostrarlo, tanto José Luis Rebordinos, director de Zinemaldi, que en un alarde de malabarismo y equilibrio profesional admirables trata de compaginarlas, como Agnès Varda, una de los tres premios de honor Donostia de este año, demostrando que se puede formar parte del sistema sin tener que plegarse del todo a sus reglas de juego y sin supeditar su independencia creativa a las necesidades comerciales de la industria. Cuando recogió la Concha de honor, esta mujer franco-belga, pionera directora feminista y activa representante del cine más realista y social, comentó que, tras leer la lista histórica de todas las premiadas y afamados galardonados, se percató de que ella había sido la primera marginal que lo había recibido.

Desde sus orígenes los grandes festivales siguen más o menos fieles a sus objetivos. En apariencia, como si en estas diez décadas de historia del cine no hubiera ocurrido nada, poco ha cambiado en sus organizaciones: concursos, retrospectivas, ciclos temáticos, jurados de expertos, premios, reconocimientos de honor, alta concentración de medios de comunicación, propaganda, estrellas de cine paseando por alfombras y posando con sus mejores galas, promoción industrial, largas colas de asistentes para formar parte del ceremonial iniciático, fiestas de sociedad etc..

Sin embargo, como señala Joan Fontcuberta en su último libro La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía, la extraordinaria proliferación de nuevos mecanismos de producción y distribución de imágenes cada vez más sofisticados y accesibles ha provocado una transformación substancial del orden visual tradicional. No hay duda de que vivimos inmersos en un mundo abarrotado de imágenes, pero nos dejamos atravesar por ellas sin demasiada capacidad de discernimiento e inteligibilidad porque el exceso inabarcable nos limite las posibilidades de atención, como el resplandor de un fuego que quema. Remedios Zafra, reciente premio Anagrama de ensayo, cuando se refiere a ese excedente de imágenes, habla de “la censura del exceso”.

 Además, esa multiplicación exponencial traduce, de forma intencionada, la lógica de la exuberancia capitalista que, desde una perspectiva política, hace aparecer sobre todo determinado imaginario visual. En consecuencia, se produce la desaparición de todo aquello que nos es velado. Jean-Luc Godard dijo en alguna ocasión que creemos poder verlo todo, pero en realidad se invisibilizan miles de cosas. En medio de su aparente abundancia, paradójicamente, se produce la substracción de otras tantas.

Las imágenes, más allá de su estricta formalidad y su capacidad de representación, articulan nuestro pensamiento, construyen el subconsciente y determinan las maneras de “mirar” el mundo y, por tanto, las formas políticas para poder actuar en él. Como dice G. Didi-Huberman las imágenes toman posición y pensamos mediante ellas. Son espacios en conflicto que nos permiten interrupciones del saber; la imagen reclama lo sensible –continúa en Leer, una y otra vez, lo que nunca ha estado escrito, publicado en el número 264 de la Revista Antrophospero lo sensible implica el cuerpo, el cuerpo se agita con los gestos, los gestos vehiculan emociones, las emociones son inseparables del inconsciente, y el inconsciente implica poner en sí mismo un nudo de tiempos psíquicos, de manera que una sola imagen puede poner en juego o en cuestión todo el modelado del tiempo y de la historia misma, incluso de la historia política, “peinar la realidad a contrapelo” dijo su maestro Walter Benjamin refiriéndose a la función del arte.

En este sentido, más allá de las convenciones comerciales y los imaginarios dominantes de la industria, el arte también tiene herramientas para producir otros significados o para cuestionar los relatos normativizadores. Bertold Brecht proponía una pedagogía que se valiera de la paradoja para hacer hablar a las imágenes desde un ejercicio de extrañeza, de desplazamiento de sentido. Su maestro Karl Kraus hablaba de una pedagogía capaz de hacer aprender a ver abismos allí donde sólo hay lugares comunes.

Por tanto, una de las obligaciones de la cultura pública, entendida como derecho, y sus instituciones sería promover y difundir los materiales que se substraen a la lógica capitalista y a la fascinación del marketing. Las listas de éxitos, los bestselers o los hitparades, por si mismos, ya tienen sus propios mecanismos de promoción, sin necesidad de que las administraciones públicas contribuyan más a su desarrollo. La citada A. Vardà decía que, aun teniendo una vitrina llena de premios, pasaba muchas dificultades para encontrar financiación para sus proyectos porque seguramente se empeñaba en hacer un cine libre.

Creo que estas lógicas antagónicas pueden resolverse de forma justa siempre y cuando las instituciones públicas sepan con claridad cuáles son sus objetivos y prioridades porque no parece que, en la actual situación económica, sirva el café para todos. Tan solo es necesario que el sistema cultural permita la existencia de propuestas como las de Eric Baudelaire, que presenta Also Known as Jihadi y The Secession Sessions en una excelente y compleja exposición de Tabakalera, el Centro de Cultura de Cultura Contemporánea de Donostia/San Sebastián, junto a las de Denis Villeneuve que de la mano de Harison Ford, Ryan Gosling y Anna de Armas se pasean promocionado a bomba y platillo el Blade Runner 2049.

Pero me temo que las instituciones y creadores que trabajan en la emergencia de imaginarios que no se supeditan a las lógicas de mercado tienen todas las de perder. Lamentablemente, la tendencia dominante -parece irreversible- es que las instituciones dejen de apoyar esa concepción “excepcional” de la creación para, como en otros sectores, ponerse a la entera disposición del orden económico, lo que conlleva la desactivación paulatina o marginalización de las formas creativas más conflictivas, disruptivas o desafiantes.

Ya lo dijo el filósofo Jacques Ranciere en El espectador emancipado: la cuestión del espectador –por extensión las ciudadanos, como sujetos políticos que construyen la democracia- está en el centro del debate sobre las relaciones entre arte y política, porque, no lo debemos olvidar, la sumisión es la otra cara de la emancipación.

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