PODEMOS SER DE IZQUIERDAS

El hambre no es de derechas ni de izquierdas, dice Santiago Alba Rico en las últimas páginas de su reciente libro ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? y añade: cuando se pide sólo pan se acaba poniendo el propio destino en manos de un ejército golpista, lo mismo que en las de un Partido Comunista autoritario…la verdadera revolución no llegará – tenía razón Simone Weil- cuando los débiles pidan fuerza. Únicamente llegará cuando los hambrientos pidan e insistan en pedir más democracia (y los saciados pidan sólo pan). Según el  autor de Capitalismo y nihilismo por esa misma razón conviene ser de izquierdas hoy, antes de que sea demasiado tarde, sin muchas certezas, junto a la matrona griega y el conductor de autobuses madrileño, anticapitalistas furibundos que, sin embargo, mientras la izquierda siga siendo arrogantemente histórica,  seguirán votando y apoyando a las derechas.

santi alba ricoEn el actual debate sobre una posible convergencia de las fuerzas sociales que reclaman una transformación del sistema, más allá del espacio político tradicional que ocupa la socialdemocracia liberal (y que merecería un análisis concreto) no tengo duda de que, a lo largo de todos estos años, el aparato del PCE, con sus viejas maneras de entender el poder y el papel de la vanguardia, es uno de los principales obstáculos para generar políticamente un espacio social incluyente con capacidad instituyente -se llame como se llame- y que sea capaz de modificar las reglas de juego socioeconómicas, impuestas durante tantos años por las fuerzas políticas y/o económicas del orden constituido. Prácticamente, desde la instauración o imposición de la monarquía parlamentaria, todos los intentos de crear un movimiento social y político amplio y  plural han sido, de una u otra forma, fagocitados y cancelados por la burocracia del partido.

Milité a mediados de los setenta en la izquierda comunista y poco a poco fui alejándome de sus influencias autoritarias para reconocerme mucho más en las emergencias sociales que fueron surgiendo más allá del control de los partidos tradicionales: el sindicalismo antifranquista, movimientos vecinales, grupos ecologistas y feministas, objetores de conciencia, pacifistas, antirracistas, antimilitaristas y desobedientes civiles; y más tarde, hasta nuestros días, el movimiento okupa, el hacktivismo tecnológico en todas sus facetas, el transfeminismo, las múltiples experiencias de autogestión social o las recientes luchas por la vivienda, que han confluido en la PAH, o las mareas multicolor en defensa de nuestros derechos sociales.

groucho marx

La explosión del 15M y sus múltiples extensiones y polaridades, locales e internacionales, anteriores y posteriores al acontecimiento de la Plaza del Sol , supusieron para mi la encarnación “revolucionaria” de un sueño que, poco a poco, se había ido convirtiendo en imposible;  y ahora, cuando por fin, puedo llegar a pensar que las cosas podrían cambiar, empiezo a comprobar que las propias miserias de las ambiciones personales, intereses partidistas etc. pueden de nuevo acabar con mis (nuestras) esperanzas de cambio.

Hace muchos años, tanto Robert Michels como Rosa Luxemburgo analizaron la tendencia que se daba en las organizaciones políticas (sindicatos y partidos) a dominar y someter, en definitiva instrumentalizar a la población más que a servir a sus intereses. De ese modo, el partido competitivo pasaba a ser una estructura con una dinámica mucho más centrada en la búsqueda del poder que en el desarrollo de la voluntad popular, es decir de los intereses de l*s ciudadanos y no tanto de las jerarquías e intereses de la clase policía y sus alianzas estratégicas.

Esta tendencia,  según Claus Offe, (citado por Blanca Muñoz en Modelos Culturales. Teoría sociopolítica de la cultura) produce una propensión a maximizar el número de votos –resultados electorales- y , por otro lado, a minimizar los elementos programáticos o a reducirlos a lemas publicitarios y estratagemas mediáticas.

Todo ello hace que el partido necesite una estructura organizativa extremadamente burocratizada y como consecuencia se produce una  profesionalización de los cuadros dirigentes y, por tanto,  la creación de una élite (casta) política que se perpetua en el  poder. Tanto es así que se desactivan las bases militantes, la heterogeneidad de sus aportaciones y, claro está, la participación de los ciudadanos, que quedan reducidos a meros votantes,  utilizados como “clientes” electorales de esas máquinas empresariales en las que se acaban convirtiendo los partidos.  Esta urgencia electoral puede también afectar a PODEMOS si no se toman, desde el principio, las medidas necesarias para no cometer los mismos errores de los partidos tradicionales.

mundo mejor

Es importante, por tanto, tener en cuanta que la forma política de partido está siendo desplazada cada vez más por otras prácticas de participación y representación. Estas organizaciones son muy difíciles de absorber e integrar en la práctica política de competencia entre partidos, ya que el denominador común de su acción y organización es un cierto sentido de identidad colectiva que no solicita representación, sino autonomía funcional para abordar otras maneras de funcionamiento de la vida política, pegada a la realidad social y a sus problemas, y consecuente con el equilibrio ecológico y social del mundo. Es decir, una sociedad que asuma, como propia y común, la forma de liberación que Carlos Marx denominaba la emancipación universal.

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Una respuesta a PODEMOS SER DE IZQUIERDAS

  1. icalzada dijo:

    Buenas referencias que conviene recordar, Mitchells, Luxemburgo y Offe. Efectivamente, si solo la forma cambia y el fondo sigue igual, se corre el peligro de no provocar una alternativa a la tan debilitada posibilidad de vertebrar un Estado español con una visión más allá de la claustrofobia autárquica. El problema, más allá de ‘poder’ o no ser capaces de vertebrar una alternativa socio-política que traccione a la ciudadanía, es mi humilde opinión, valga la redundancia, la propia opinión pública española que ha estado ‘tragando’ ‘estupefacta (R.Sennett dixit) versiones simplistas de lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá dentro de sus propias fronteras.
    Mientras esas narrativas no se enriquezcan, cualquier alternativa socio-política va a tener dos trabajos: auto-vertebrarse y por ende erigirse en verdadero motor de transformación, que tan necesario ha sido y que a veces me temo ya llega tarde. No obstante, creo en los puentes que provocan cambios, en coordenadas diferentes, entre sensibilidades que tienen más del respeto mutuo que incluso del ideario que persiguen.

    Izan ondo Santi
    Bskd

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