EL SIDA TREINTA AÑOS DESPUES

La existencia del sida se empezó a reconocer públicamente en la década de los años ochenta del siglo pasado. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida es un conjunto de enfermedades de muy diverso tipo derivadas de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana VIH. Se estima que este año han fallecido por su causa más de un millón y medio de personas en todo el mundo.

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Desde mediados de los años noventa, gracias a los tratamientos con fármacos antirretrovirales, su incidencia en el mundo occidental desarrollado ha ido disminuyendo. En consecuencia se ha producido la sensación de que se está erradicando o que ha sido integrado plenamente en la relación de enfermedades ordinarias que pueden ser tratadas como crónicas. Nada más lejos de la realidad. Tras cuatro décadas de existencia, el sida sigue desempeñando un papel crucial en la redefinición de nuestra geografía moral; en la organización de los mapas poscoloniales de control social y dominio económicos; en las nuevas configuraciones nacionales e internacionales de integración y exclusión; en la bioseguridad de nuestras fronteras personales (discriminación racial o sexual);  en la apropiación privada, por parte de las industrias farmacéuticas, de los saberes científicos y médicos mediante el control de las patentes.

Así pues, la gestión de las políticas del sida por parte del norte no puede ser interpretada fuera de las lógicas económicas y comerciales que engendra el aparato de la hegemonía neoliberal capitalista y sus programas de desarrollo aplicados en los múltiples sures de la tierra, lamentablemente cada vez más extensos y más cercanos. Porque no podemos olvidar que todavía hay 33,4 millones de personas afectadas, de las cuales casi el 70% viven en África subsahariana y, probablemente, muchas de ellas morirán en la próxima década si no tienen garantizado acceso a tratamiento.

Frente a esta situación de emergencia, la crítica política y la acción ciudadana son, no cabe duda, las mejores herramientas para desvelar las contradicciones de esta injusticia universal que nos concierne a todos, aunque creamos lo contrario porque en nuestras calles la preocupación social se haya disipado.

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Sida, el 1 de diciembre, tal vez sea oportuno recordar cómo a finales de los años 80 y principios de los 90, las luchas sociales y el activismo artístico contra las políticas en torno a la pandemia fueron fundamentales para que los responsables institucionales tomaran conciencia de la situación; aquella proliferación de acciones públicas, performances artísticas o las numerosas manifestaciones de grupos específicos afectados, permitieron hacer visibles múltiples formas de denuncia contra el silencio y la inacción de las autoridades públicas. Fue una explosión urbana que se extendió también, poco después, por todo Europa: comités antisida, organizaciones de solidaridad, grupos de apoyo, etc.

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La primera intervención artística que en España abordó la dimensión simbólica, ética y política de la “enfermedad” tuvo lugar en Donostia en 1992, llevada a cabo por el artista cordobés Pepe Espaliú. Su contacto con Act-Up (grupo de acción directa fundado en marzo de 1987 en el Centro para la comunidad lésbica, gay, bisexual y transgénero de Nueva York para llamar la atención sobre la pandemia y la gente que la padecía con objeto de conseguir legislaciones favorables, promover la investigación científica y la asistencia a los enfermos), le mostró las posibilidades del activismo artístico como estrategia de resistencia y de crítica institucional. En Nueva York, Espaliú encontró el lema Silence = Death (Silencio = Muerte) que resultó ser la expresión perfecta de su circunstancia, porque hasta entonces había vivido de espaldas a su propia experiencia de afectado. Allí también conoció los carrying, fórmula que después escogió para comenzar a luchar, siguiendo el sentido y la manera en la que los hispanos nombraban a la acción de ayudar y transportar en brazos a los enfermos -resultado de la acepción hispana del verbo to care, cuidar, que incorpora el significado de to carry, transportar o llevar-.

Como resultado de las prácticas del taller Parábolas del desenlace, realizado en 1992 en Arteleku, llevó a cabo su Carrying, primero en las calles de Donostia, coincidiendo con el Festival de Cine, y unos meses después en Madrid, coincidiendo con el Día Mundial del Sida.

El crítico de arte Adrian Searle, que acompañó también al artista durante el taller, dijo que aquella acción fue escultura y performance: fue mística, práctica teatral, mundana y transcendental. Podría decirse incluso que fue catártica, un ritual de atadura, curación y amor. La visión de un hombre enfermo llevado en volandas a través de las calles era como un juego de niños, pero jugado por adultos: dos personas cruzan sus brazos, sujetándose firmemente por las muñecas, formando una especie de asiento. El transportado, con los pies desnudos, suspendido entre la pareja portadora, con sus brazos abrazándoles los hombros, es conducido a lo largo de una cadena humana, sin tocar el suelo, de pareja en pareja y, a lo largo de una procesión, calle abajo.

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Como si el tiempo no pasara en balde, veinte años después de su muerte, tal vez las propias palabras de Espaliú sirven también hoy para seguir hablando con voz alta sobre la cuestión del sida que, lejos de estar resulta, debiera seguir siendo prioritaria en la agenda de los organismos y las políticas internacionales. “Hoy en día – escribió en una nota de prensa sobre el Carrying– los médicos nos dicen que no hay otra vía que aprender a vivir con la enfermedad. Pienso que antes, y es más difícil, es necesario cambiar nuestra actitud hacia lo social, que persigue convertir a los individuos en islas relacionadas entre sí por órdenes jerárquicos, preocupados por la competitividad, el protagonismo, el egoísmo. Aprender a vivir con el sida exige, en todo caso, rechazar esta atomización, poner en juego ideas como ayuda, solidaridad, amor . . .”

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Esta entrada fue publicada en antagonismo y conflictos, arte/artes audio-visuales, ética/política, ciudadanía, derechos humanos y sociales, cultura, conocimiento, educación, igualdad, género, público/privado. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a EL SIDA TREINTA AÑOS DESPUES

  1. Pingback: RESIDUOS DE ESPALIÚ: acciones y legado en Donostia (1992-1994) | Santiago Eraso Beloki

  2. jorge gonzalez sanchez dijo:

    Que hay despues de la muerte?: mas vida querido Xanti, mas vida.
    Jorge Gon.

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