SOBRE CAPITAL Y TERRITORIO

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El equipo de contenidos de Arteypensamiento  de la Universidad Internacional de Andalucía

Poco después de finalizar el encuentro sobre “Arquitecturas colectivas” muchos agentes locales coinciden en estas jornadas de reflexión, activismo social y prácticas artísticas. Entre los invitados participantes merece la pena mencionar la presencia de Saskia Sassen, Santiago López Petit, Marina Garcés o Eduardo Serrano.

PRESENTACIÓN  de l@s comisarios Mar Villaespesa y Joaquín Vazquez /bnv producciones.

Sobre capital y territorio, del programa UNIA arteypensamiento, surgió como un proyecto de investigación y en proceso (dos ediciones y diferentes jornadas entre 2007 y 2009) en un momento en el que el planeamiento urbanístico y el modelo de desarrollo estaban caracterizados por megaproyectos especulativos, intervenciones puntuales, fragmentadas y emblemáticas, desprovistas de una razón social y en las que la rentabilidad se convertía en el argumento principal, en una ética de la actividad. Un modelo sostenido por una lógica de acumulación y reinversión que no tomaba en cuenta los posibles efectos a largo plazo que sus actuaciones podían acarrear sobre la ciudadanía, el medio ambiente y el propio sistema económico capitalista.  Tres años después de que realizáramos las últimas jornadas, aquellas previsiones se han desvelado por completo. El colapso global del crédito, los drásticos recortes presupuestarios, la destrucción masiva de empleo y de derechos sociales, el ascenso del racismo, el desplazamiento de las tomas de decisión desde las instituciones representativas hacia otro tipo de poderes no sometidos a ningún tipo de control, etc., han dibujado el panorama desolador o de democracia en suspenso en el que estamos viviendo.

 A pesar de ello, la escala de valores dominante sitúa al capitalismo como el único régimen económico posible, la única forma capaz de garantizar una salida a esta insoportable e insostenible situación. A pesar de las evidencias que existen en contra, el capitalismo es presentado, tanto por la derecha como por la izquierda parlamentaria, como un sistema que ha funcionado y que pronto volverá a hacerlo si nos libramos de unos excesos de los que, se dice, todos hemos sido cómplices y responsables. Las diferencias, entre unos y otros, solo residen en el tipo de medidas técnicas que habrá que aplicar para que la máquina vuelva a funcionar con normalidad: para unos serán los recortes, para otros las medidas de incentivo al crecimiento, y para todos ellos la disciplina presupuestaria y la salvaguarda del sistema financiero.  Se admite que se pueden haber cometido errores de sobreexplotación y des-regularización, pero tanto los más partidarios del libre mercado como los defensores de un “ecocapitalismo socialmente responsable” coinciden al presentar al sistema capitalista como una máquina productiva neutra, como el único modo de producción que, al mismo tiempo que incorpora todos aquellos derechos que se identifican con la democracia, proporciona ciertos grados de bienestar.  Sin embargo, como ha señalado Slavoj Žižek, esta descripción anti ideológica es patentemente falsa, “la misma noción del capitalismo como mecanismo social neutral es ideología en su más pura expresión (incluso ideología utópica)”. Por otra parte, no hay que olvidar que todos los derechos reconocidos en las democracias liberales lo han sido gracias a las luchas que durante los siglos XIX y XX llevaron a cabo las clases populares y los excluidos, por lo que esa supuesta relación natural entre derechos y capitalismo no es tal. Más bien lo real es que cuando el crecimiento se detiene o colapsa, el sistema destruye lo que ahora ya le estorba y que a duras penas y contra su naturaleza ha permitido, algo que sin disimulos está ocurriendo frente a una relativa pasividad social y un rebrote de la lógica populista y racista.  El precio que acarrea esta despolitización de la economía, esta aceptación de que el capitalismo ha llegado hasta aquí para quedarse, es que “la esfera misma de la política se despolitiza” convirtiéndose en una batalla por luchas particulares, por reivindicaciones concretas. Por ello una pregunta decisiva que debemos hacernos es ¿cómo reinventar el espacio político en las actuales condiciones de globalización, crisis económica y supresión de derechos? ¿Cómo universalizar las distintas luchas particulares en un momento en el que el capitalismo funciona como una gran máquina, una empresa global?  La dimensión de lo universal se contrapone y trasciende al globalismo cuando se identifica con el desajuste respecto al orden existente, con el punto de exclusión que es común a todos aquellos que no tienen un sitio adecuado en la jerarquía social o en el orden global y que precisamente por eso representan una amenaza potencial al modo de producción capitalista. El problema está en que con su continuada transformación en un régimen postpolítico, el sistema capitalista es capaz de neutralizar las reivindicaciones particulares e integrarlas bajo las formas de identidades, estilos de vida, diferencia cultural… Por ello, se trata, como señala Žižek, de “promover ‘el retorno a la primacía de la economía’ pero no en perjuicio de las reivindicaciones planteadas por las formas postmodernas de politización, sino, precisamente para crear las condiciones que permitan la realización más eficaz de esas reivindicaciones”. Es decir, insistiendo no en los aspectos diferenciales de esas prácticas políticas, ya sean ecologistas, vecinales, feministas, anti copyrigth, queers… sino en aquellos aspectos comunes a todas ellas que contestan y socavan el modo de producción capitalista.  Por lo expuesto, se propone que Sobre capital y territorio III continúe las discusiones en el punto en que se dejaron en la anterior edición, en 2009, e inicie otras a partir tanto de los nuevos acontecimientos sociopolíticos como de las resistencias y nuevas propuestas proactivas ocurridas desde entonces.  Y seguir la misma metodología de trabajo desplegada en las anteriores ediciones, continuar cruzando pensamiento/acción/creación, a partir de reunir las miradas que aportan la teoría crítica/la experiencia/la práctica artística, es decir, la universidad/los movimientos sociales/los modos de ver y hacer del arte. En definitiva, una pluralidad de voces en busca de un nuevo sentido de “lo común”; de nuevos enunciados, preguntas y “respuestas” sobre alternativas y representaciones para abrir nuevos caminos de subversión del pensamiento y modos de vida hegemónicos; de reconceptualización y generación de nuevos conceptos y significados frente:  • al sistema de producción y consumo capitalista, a la especulación financiera, a los procesos acumulativos del capital y al dogma del crecimiento  • a los procesos de exclusión social y de restricciones de derechos que se están produciendo en esta fase del capitalismo especulativo Esta tercera edición se estructura en: un grupo de investigación con dos focos de actuación -un taller y un laboratorio-, unas jornadas y una exposición.  La sumisión de la política al capital, la primacía de la racionalidad neoliberal sobre la racionalidad democrática, la judicialización de la política, […] la pérdida de poder soberano en los Estados-nación, así como la erosión que provoca la globalización en la soberanía de esos mismos Estados, son temas cruciales en la actual des-democratización de Occidente. Wendy Brown   Sobre capital y territorio, del programa UNIA arteypensamiento, surgió como un proyecto de investigación y en proceso (dos ediciones y diferentes jornadas entre 2007 y 2009) en un momento en el que el planeamiento urbanístico y el modelo de desarrollo estaban caracterizados por megaproyectos especulativos, intervenciones puntuales, fragmentadas y emblemáticas, desprovistas de una razón social y en las que la rentabilidad se convertía en el argumento principal, en una ética de la actividad. Un modelo sostenido por una lógica de acumulación y reinversión que no tomaba en cuenta los posibles efectos a largo plazo que sus actuaciones podían acarrear sobre la ciudadanía, el medio ambiente y el propio sistema económico capitalista.  Tres años después de que realizáramos las últimas jornadas, aquellas previsiones se han desvelado por completo. El colapso global del crédito, los drásticos recortes presupuestarios, la destrucción masiva de empleo y de derechos sociales, el ascenso del racismo, el desplazamiento de las tomas de decisión desde las instituciones representativas hacia otro tipo de poderes no sometidos a ningún tipo de control, etc., han dibujado el panorama desolador o de democracia en suspenso en el que estamos viviendo.  A pesar de ello, la escala de valores dominante sitúa al capitalismo como el único régimen económico posible, la única forma capaz de garantizar una salida a esta insoportable e insostenible situación. A pesar de las evidencias que existen en contra, el capitalismo es presentado, tanto por la derecha como por la izquierda parlamentaria, como un sistema que ha funcionado y que pronto volverá a hacerlo si nos libramos de unos excesos de los que, se dice, todos hemos sido cómplices y responsables. Las diferencias, entre unos y otros, solo residen en el tipo de medidas técnicas que habrá que aplicar para que la máquina vuelva a funcionar con normalidad: para unos serán los recortes, para otros las medidas de incentivo al crecimiento, y para todos ellos la disciplina presupuestaria y la salvaguarda del sistema financiero.  Se admite que se pueden haber cometido errores de sobreexplotación y des-regularización, pero tanto los más partidarios del libre mercado como los defensores de un “ecocapitalismo socialmente responsable” coinciden al presentar al sistema capitalista como una máquina productiva neutra, como el único modo de producción que, al mismo tiempo que incorpora todos aquellos derechos que se identifican con la democracia, proporciona ciertos grados de bienestar.  Sin embargo, como ha señalado Slavoj Žižek, esta descripción anti ideológica es patentemente falsa, “la misma noción del capitalismo como mecanismo social neutral es ideología en su más pura expresión (incluso ideología utópica)”. Por otra parte, no hay que olvidar que todos los derechos reconocidos en las democracias liberales lo han sido gracias a las luchas que durante los siglos XIX y XX llevaron a cabo las clases populares y los excluidos, por lo que esa supuesta relación natural entre derechos y capitalismo no es tal. Más bien lo real es que cuando el crecimiento se detiene o colapsa, el sistema destruye lo que ahora ya le estorba y que a duras penas y contra su naturaleza ha permitido, algo que sin disimulos está ocurriendo frente a una relativa pasividad social y un rebrote de la lógica populista y racista.  El precio que acarrea esta despolitización de la economía, esta aceptación de que el capitalismo ha llegado hasta aquí para quedarse, es que “la esfera misma de la política se despolitiza” convirtiéndose en una batalla por luchas particulares, por reivindicaciones concretas. Por ello una pregunta decisiva que debemos hacernos es ¿cómo reinventar el espacio político en las actuales condiciones de globalización, crisis económica y supresión de derechos? ¿Cómo universalizar las distintas luchas particulares en un momento en el que el capitalismo funciona como una gran máquina, una empresa global?  La dimensión de lo universal se contrapone y trasciende al globalismo cuando se identifica con el desajuste respecto al orden existente, con el punto de exclusión que es común a todos aquellos que no tienen un sitio adecuado en la jerarquía social o en el orden global y que precisamente por eso representan una amenaza potencial al modo de producción capitalista. El problema está en que con su continuada transformación en un régimen postpolítico, el sistema capitalista es capaz de neutralizar las reivindicaciones particulares e integrarlas bajo las formas de identidades, estilos de vida, diferencia cultural… Por ello, se trata, como señala Žižek, de “promover ‘el retorno a la primacía de la economía’ pero no en perjuicio de las reivindicaciones planteadas por las formas postmodernas de politización, sino, precisamente para crear las condiciones que permitan la realización más eficaz de esas reivindicaciones”. Es decir, insistiendo no en los aspectos diferenciales de esas prácticas políticas, ya sean ecologistas, vecinales, feministas, anti copyrigth, queers… sino en aquellos aspectos comunes a todas ellas que contestan y socavan el modo de producción capitalista.  Por lo expuesto, se propone que Sobre capital y territorio III continúe las discusiones en el punto en que se dejaron en la anterior edición, en 2009, e inicie otras a partir tanto de los nuevos acontecimientos sociopolíticos como de las resistencias y nuevas propuestas proactivas ocurridas desde entonces.  Y seguir la misma metodología de trabajo desplegada en las anteriores ediciones, continuar cruzando pensamiento/acción/creación, a partir de reunir las miradas que aportan la teoría crítica/la experiencia/la práctica artística, es decir, la universidad/los movimientos sociales/los modos de ver y hacer del arte. En definitiva, una pluralidad de voces en busca de un nuevo sentido de “lo común”; de nuevos enunciados, preguntas y “respuestas” sobre alternativas y representaciones para abrir nuevos caminos de subversión del pensamiento y modos de vida hegemónicos; de reconceptualización y generación de nuevos conceptos y significados frente:  • al sistema de producción y consumo capitalista, a la especulación financiera, a los procesos acumulativos del capital y al dogma del crecimiento  • a los procesos de exclusión social y de restricciones de derechos que se están produciendo en esta fase del capitalismo especulativo Esta tercera edición se estructura en: un grupo de investigación con dos focos de actuación -un taller y un laboratorio-, unas jornadas y una exposición.     Folleto de Sobre capital y territorio III (de la naturaleza de la economía política… y de los comunes)

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Esta entrada fue publicada en antagonismo y conflictos, arte/artes audio-visuales, ética/política, ciudad, arquitectura, urbanismo, ciudadanía, derechos humanos y sociales, cultura, conocimiento, ecología, economía, educación, filosofía, globalización, público/privado. Guarda el enlace permanente.

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