EL PODER Y LA CULTURA

Existe cierta unanimidad sobre la importancia social del arte y la cultura. Parece que todos, con matices, estamos de acuerdo en que sus manifestaciones son bienes que debemos preservar y fomentar, porque sus diferentes expresiones –la lengua, los usos y costumbres, la manera en la que concebimos nuestras relaciones personales (género, convenciones familiares) y sociales (símbolos, ritos comunitarios, sagrados o profanos, fiestas), las formas artísticas (la música, la literatura, el cine) o las del conocimiento (la filosofía, la ciencia, la historia) la manera de vestir (jeans, velo, minifalda, smoking) o de alimentarnos, conforman nuestras vidas y, aunque también sean ámbitos de confrontación y antagonismo, nos constituyen como seres humanos capaces de convivir en comunidad.

Para poder entender y combatir la actual deriva neoconservadora mundial y el resurgir de la extrema derecha en toda Europa, no debemos pasar por alto que la educación, el arte y la cultura son campos dialécticos de sentido, muchas veces contrapuestos, donde se dirimen formas muy dispares de existencia. Cuando proclamamos de manera bienintencionada sus valores abstractos, desde una visión idealista, olvidamos la peor cara de sus formas específicas más opresoras. Sin ir más lejos, las imágenes  de la performance Un violador en tu camino que el colectivo feminista “Lastesis”  inició en Chile y se ha extendido por todo el mundo, reflejan y critican con rotundidad que en el mundo se extiende una cultura patriarcal,  violenta y militarista. Las letras de la canción se dirigen, de forma explicita, a la s formas culturales que el estado despliega a través del machismo, la misoginia y la homofobia de muchas de sus instituciones. Es decir, formas radicalmente opuestas de pensar el mundo y actuar en la vida.

A lo largo de la historia, el arte, la cultura y la educación nos han aportado herramientas para ayudarnos a pensar el mundo, para transformarlo y mejorarlo, pero lamentablemente también han sido poderosas y peligrosas armas para perpetuar el fanatismo y la intolerancia. El franquismo, el fascismo, el nazismo y el estalinismo lo tenían claro, por eso utilizaron también el arte y la cultura para imponer su ideología de orden y autoridad.En este sentido, cualquier cambio político de las estructuras de poder puede estar condenado al fracaso si no está acompañado también por una transformación de las sensibilidades culturales  que animan el conjunto de la vida; el reparto de lo sensible para la emancipación de cualquiera, dice el filósofo  Jacques Ranciére en El maestro ignoranteCinco lecciones sobre la emancipación intelectual.  De hecho, aunque casi ningún líder político hable sobre cultura de forma específica, la mayoría la enarbola con orgullo genérico, como seña de identidad y marca nacional. Por ejemplo, cuando Santiago Abascal dice que VOX ha llegado a las instituciones para producir un cambio político, suele añadir cultural y lo hace pensando en que la cultura puede ser una de las mejores armas para terminar con las ideas progresistas que él identifica, sin matices, con doctrinas de izquierdas, en las que incluye, por supuesto, a cualquier ideología que no comparta su ideario totalitario. Lo repitió desde el balcón de la sede de su partido la noche de las últimas elecciones. Seguir leyendo

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ERASE UNA VEZ EL CINE  

Hace unas semanas se ha celebrado una reunión de casi todos los cine clubs de Gipuzkoa. Estas entidades tienen una larga tradición relacionada estrechamente con la propia historia del cine pero también con los conflictos y controversias que atravesaron nuestra propia historia local. Los primeros se fundaron en los años veinte pero, tras la guerra civil, hay que esperar algunos años hasta que, de nuevo, su presencia empieza a normalizarse en el tejido cultural. En los años cincuenta reaparecen a la sombra de organizaciones religiosas y políticas franquistas como instrumentos ideológicos de control cultural y social, pero también como espacios donde, con la excusa de las discusiones cinematográficas, se podía “tomar la palabra”. En cierto modo, mostraban las paradojas de un régimen que, aunque mantenía su estructura franquista, se vio también atravesado por corrientes sociales críticas, a veces conscientes y otras no tanto, que comenzaron a utilizar algunas instituciones  para ponerlas en crisis y confrontar la realidad cultural autárquica de aquellos años. La historia de los cine club  fue, en cierto modo, la del propio régimen.

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, muchos de ellos comienzan a independizarse y se constituyen como entidades culturales autónomas. Entre otros el de Tolosa, mi pueblo, que este año celebra el cuarenta y dos aniversario de su refundación en 1977, año en el que se empezaron a proyectar las películas en las salas del Cine Leidor (con anterioridad existió un cine club vinculado a la agencia de propaganda eclesiástica FIDES que programaba sesiones en los desaparecidos cine Igarondo y,  más tarde, en el Iparraguirre). En este tránsito – no en vano esa época se conoce como “la transición democrática”- hay que destacar las figuras de Jesús María Penilla y José María Lopetegui, entre otros, los dos principales artífices del cine club actual.

Cine Leidor

Cine Leidor

Eduardo Alegría, José María Lopetegui e Iñigo Royo, miembros de la actual junta directiva

Eduardo Alegría, José María Lopetegui e Iñigo Royo, miembros de la actual junta directiva

 

La labor que desempeñaban fue una de las puertas por las que muchs tuvimos la oportunidad de salir de aquel páramo cultural. En cierto sentido, para nosotrs eran un espacio incipiente de libertad. Hasta que en septiembre llegaba el Festival de Cine de Donostia/San Sebastián, con la excepción de algún viaje a Hendaya y, en mi caso, en alguna ocasión también a París (inolvidables las sesiones maratonianas en la Cinématèque del Palacio Chaillot en Trocadero, acompañado de mi buen amigo Antxon Areitio) la programación periódica de los cine clubs nos permitía disfrutar de películas que a duras penas se presentaban en los cines comerciales; nos proporcionaban materiales inesperados para poder pensar la vida y el mundo (en este sentido merece la pena destacar los fondos que provenían de los institutos culturales de Francia, Alemania o Italia). En definitiva nos convertíamos en espectadores activos, capaces de abordar la realidad desde su complejidad y, sobre todo, de intentar desbordarla. Seguir leyendo

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 ECOFEMINISMO: SUVBERSIÓN FEMINISTA DE LA ECONOMÍA

No hay más que observar las fotos oficiales de las grandes cumbres políticas o leer la lista de asuntos sobre los que debaten sus representantes para constatar que el mundo está regido, mayoritariamente, por hombres preocupados en primer lugar y casi exclusivamente por la economía o, mejor dicho, por una forma determinada de entenderla.

Amaia Pérez Orozco en Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida (Traficantes de sueños, 2014) señala que la economía es una construcción histórica y social. A finales del XVIII y principios del XIX se impuso una metodología analítica de la economía, conocida como “neoclásica”, que hoy sustenta casi todo el discurso político dominante y la estructura socioeconómica en la que vivimos. El afianzamiento de esta hegemonía ideológica fue en paralelo al asentamiento definitivo del capitalismo que, desde su forma originaria, ha sido patriarcal –basado en la supremacía masculina-, colonial y racista –basado en el dominio de los países desarrollados sobre las zonas del mundo más desfavorecidas y la consiguiente primacía blanca. Su influencia en las altas instancias del poder es casi absoluta. Su arquitectura conceptual prioriza el principio de competencia al de colaboración; el consumismo exacerbado al consumo e intercambio responsable; al socaire de la ley de la oferta y la demanda determina las reglas del mercado laboral y antepone el precio y el valor de cambio frente al de uso.

Este tipo de economía promueve la idea de que la Tierra es un espacio físico ilimitado de “libre” explotación de recursos y que el desarrollo puede desentenderse de los procesos biofísicos, de nuestra relación con la naturaleza o de la interdependencia necesaria entre diferentes especies. Del mismo modo,si el mercado ofrece los estímulos para ello, trata de incentivar la circulación de todo tipo de productos, sean o no necesarios para una vida digna, insistiendo en que el progreso supone hacer crecer el dinero a cualquier precio, nunca mejor dicho. Seguir leyendo

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APRENDER DEL ECOLOGISMO

Es paradójico que en las grandes cumbres políticas, económicas o medioambientales promovidas por organismos o coaliciones internacionales, como en la recién celebrada del G7 en Biarritz, se hable mucho sobre la paz mundial, la igualdad o la economía “sostenible”, al mismo tiempo que sus líderes y aliados locales menosprecian o incluso criminalizan a los movimientos y activistas ecologistas. Estas reacciones son bastante contradictorias con la retórica que predican si tenemos en cuenta que, desde los años sesenta del siglo pasado, el ecologismo político ha sido la auténtica punta de lanza de la investigación medioambiental y pionero en la aplicación de cambios en los sistemas productivos y de consumo, absolutamente necesarios para frenar el cambio climático y sus consecuencias más devastadoras.

La mayoría de los partidos gubernamentales suelen ir a remolque de las presiones que vienen ejerciendo l*s ecologistas desde hace décadas: por supuesto los gobiernos más liberales y conservadores, que en algunos casos todavía siguen negando el cambio climático -por ahí andaba Bolsonaro vociferando contra el ecologismo indigenista mientras ardía la Amazonía (cuya flora aporta cerca del 20% del oxígeno a la atmósfera global) y diciendo que impedir su explotación frena el progreso del país- pero también muchos socialdemócratas, que mantienen un discurso reformista moderado, muy poco efectivo a la hora de modificar la estructura económica del sistema que rige la economía mundial y la superestructura ideológica que lo sustenta. Ambas van de la mano.

Parafraseando a Emilio Santiago Muiño, miembro del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas, del grupo motor del manifiesto Última Llamada y autor de Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial (2016), la economía capitalista, que prioriza los procesos de producción ilimitados y el desarrollo económico sin control, la obtención de beneficios a toda costa y el progreso como paradigma de felicidad, se basa en una contradicción ontológica: para funcionar necesita crecer sin fin, mientras el planeta es materialmente finito.

Por el contrario, el principio básico de la ecología nos advierte que ninguna economía puede crecer de forma indefinida dentro de un medio finito. Yayo Herrero, antropóloga y ecologista feminista, en la obra colectiva La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas (2018), nos recuerda que en nuestra civilización la economía, la política y la cultura se han constituido como si “flotasen” por encima y por fuera de la naturaleza y de los cuerpos; como si el planeta no tuviese límites y los seres humanos y su tecnología pudiesen controlarlo a su voluntad, invisibilizando y relegando a espacios marginales y no prioritarios la cíclica tarea de cuidar y regenerar la vida humana. Quienes ostentan el poder económico y político, y en buena medida las mayorías sociales que les aúpan –agrega-, no son conscientes de que nuestra especie depende de los bienes de la naturaleza, ni de que la vida humana se mantiene gracias a las condiciones bio-geo-físicas que estamos alterando; no se dan cuenta de que las desigualdades, la precariedad y las guerras se conectan de forma íntima con el deterioro ecológico. Ignoran lo que es imprescindible para sostener la vida y construyen instituciones e instrumentos económicos organizados en torno a prioridades que colisionan con las bases materiales que aseguran nuestra existencia. Seguir leyendo

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REVOLVER LA HISTORIA DE HÉROES Y NACIONES

Los próximos días darán comienzo los actos de conmemoración del V Centenario de la primera vuelta al mundo, que se inició en el puerto de Sevilla en el mes de agosto del año 1519 y concluyó tres años después en el de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz. Hace unos días se presentaron en la Biblioteca Nacional lo que la Comisión organizadora denomina los grandes hitos culturales que se prolongarán hasta el 2017. Durante este próximo trienio las instituciones públicas y privadas desplegarán un sinfín de eventos para ensalzar el pionero viaje capitaneado, primero por Fernando de Magallanes, nacido en Sabrosa, Portugal y, después, por Juan Sebastián Elcano de Getaria, en el País Vasco, entonces parte del Reino de Castilla. Hasta ahora, obviando en gran medida el sentido actual de estas efemérides, la mayoría de las actividades programadas  tienen un evidente sesgo historicista y rememorativo, bastante triunfalista.

Las relaciones entre historia y verdad, parafraseando al historiador y teórico de la historia Reinhart Koselleck, tan solo se pueden abordar si se acepta la compleja relación entre presente, pasado y futuro, y si en esa relación espacio temporal vemos estallar diacrónicamente nuevos conflictos que nos permitan cruzar la historia con los contrasentidos y contingencias que ella misma ha producido en la actualidad y para que la realidad aparezca, por tanto, más inestable, compleja y desordenada. Seguir leyendo

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ESCUCHAR LAS VOCES DE ÁFRICA

El verano parece más propicio para que los inmigrantes africanos intenten atravesar el Mediterráneo en busca de una tierra que les permita tener una vida digna. La mayoría proceden de los países subsaharianos -se conoce como África negra- que durante siglos fueron una extensa colonia de las potencias europeas y, en cierto modo, sigue siéndolo. Es imposible saber cuántos mueren en el intento porque muchos desaparecen engullidos por el mar, pero son miles. Sin ir más lejos, hace unos días en el enésimo naufragio frente a la costa libia, murieron al menos ciento cincuenta. La organización holandesa Uniteddesde 1993, publica los nombres de las personas identificadas que ya suman 33.293 y que nunca pudieron enviar un mensaje a sus familiares relatando su viaje y llegada a Europa.

Con esas vidas truncadas se perdieron infinitas historias increíbles sobre amor, amistad, supervivencia, vida y muerte, que podrían ser contadas en múltiples lenguas ancestrales. Parafraseando a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, relatos de pasiones y rencores, de superstición y corrupción, pero también de quimeras y resistencia política de muchas personas desposeídas, violentadas, pero también solidarias, resistentes y luchadoras. Hace unos días pudimos ver como un numeroso grupo de inmigrantes indocumentados franceses, adoptando el término gilets noir (chalecos negros) y emulando  a ls gilets jaunes, ocuparon el edificio del Panteón (uno de los grandes mausoleo que París dedica a sus héroes y famosos) para denunciar las injusticias que padecen. En España el Sindicato de Lateros y Manteros ha protagonizado numerosos actos públicos para reclamar la despenalización de la venta ambulante o el acceso a la sanidad y el cierre de los Centros de Internamiento o para luchar contra las devoluciones en caliente, la violencia policial en la frontera y las deportaciones express o contra los controles de identidad racista que, lamentablemente, son cada vez más habituales.

En definitiva -dice Ngozi- narraciones que nos podrían describir mucho mejor la compleja realidad africana en oposición a la maldición de “la historia única y simplificadora”. Siempre las ha habido, pero por fortuna cada vez nos llegan más voces africanas que nos dan a conocer sus historias, demasiadas veces silenciadas o intencionadamente tergiversadas. Para poder eliminar las múltiples fronteras exteriores e interiores que nos separan, no hay nada mejor que respetarlas, escucharlas y contribuir a que se expandan. Seguir leyendo

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