LA FRONTERA COMO MÉTODO

Poco después de que el pasado diciembre se celebrara el Día Internacional del Migrante, en la ONU se aprobó el primer gran pacto global sobre migraciones que, aunque no sea vinculante, ya ha provocado importantes reacciones en el tablero de los intereses políticos y económicos internacionales. Algunos países se han negado a firmarlo y otros, aunque lo hayan hecho, no parece que estén dispuestos a aplicar sus consejos. Nunca ha sido una cuestión fácil de abordar porque cualquier modificación del estatus fronterizo afecta, en primera instancia, a la regulación de los flujos humanos – más o menos gestionable- pero, por sus múltiples y complejas capas de interés , sobre todo, al control de su fuerza de trabajo y del capital que subyace bajo ellos.

“A tous les clandestins” de Patricia Gómez y María Jesús Gonzalez, publicado en Exilio/refugio Carta(s) Museo Reina Sofía

Es decir, hablamos de un modelo de economía política que, naturalizándolo, visibiliza el hecho migratorio como problema, pero oculta los intereses que subyacen en esos flujos humanos. De hecho, toda la extrema derecha, que se extiende por el mundo como una auténtica plaga, cuando dice rechazar a los inmigrantes, lo que nos está diciendo, no es tanto que no puedan venir a trabajar, sino que lo hagan, pero sin derechos. Es decir, su condición humana quedaría, de esta manera, reducida a animal y, por tanto, como tales podrían ser considerados.

Dibujo de Capital Drawing Group

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EUROPA, CUESTE LO QUE CUESTE

Este texto recoge las notas que me sirvieron para impartir la conferencia del mismo título,  presentada en el seminario Las ciudades y la cultura en Europa, que el pasado septiembre organizó la Asociación Energheia de Matera, en la región de Basilicata, al sur este de Italia. De alguna manera, los contenidos son una síntesis de otras tantas columnas publicadas en el Diario Vasco durante el verano del mismo año. En principio estaba previsto que fuera un diálogo con el filósofo Giacomo Marramao, pero por problemas personales en el ultimo momento no pudo estar presente.

EUROPA, CUESTE LO QUE CUESTE

Muchas gracias, en primer lugar, a todas las personas presentes que han tenido el ánimo y la disposición de asistir a este acto un domingo por la tarde. También a los responsables de la organización de la Asociación Cultural Energheia y, como no, a Ion de la Riva, Consejero Cultural de la Embajada de España en Roma, por proponerme participar en esta mesa redonda. Siento  mucho no poder compartirla, como estaba previsto, con el  profesor Giacomo Marramao, al que tuve el honor de conocer en Arteleku en el año 1997 cuando, siendo yo director de aquella institución, nuestro amigo común el profesor Francisco Jarauta le invitó a participar en el VI Seminario Internacional de Análisis de Tendencias. Hace 21 años.

Entiendo que mi presencia aquí se debe, precisamente, a la experiencia que, dirigiendo aquel singular Centro de Arte y Cultura Contemporánea o las aportaciones de otros proyectos en los me he implicado activamente, como UNIAarteypensamiento de la Universidad Internacional de Andalucía, he adquirido todos estos años. Y seguramente también porque, con aquellos saberes y otros conocimientos se redactó el proyecto cultural ganador de la Capital Europea de la Cultura 2016 de Donostia/San Sebastián, que precisamente pensó la educación y la cultura como dos herramientas fundamentales para cohesionar Europa y combatir la violencia y todo tipo de autoritarismos (en aquellos años la banda armada ETA todavía seguía infringiendo dolor a víctimas inocentes). Seguir leyendo

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EL ARTE, ENTRE LA MEMORIA Y LA HISTORIA.

El pasado diez de noviembre se celebró en el País Vasco el Día de la Memoria, en recuerdo de las víctimas del terrorismo. Unos días antes, en el último comunicado publicado en su boletín Zutabe, ETA reconocía que el 21 de junio de 1981 había asesinado en Tolosa a Iñaki Ibargutxi y los hermanos Pedro Conrado y Juan Manuel Martínez Castaños, tres vendedores de libros y material didáctico para aprender euskera (paradójicamente, uno de los valores sagrados por los que sus asesinos los mataron). La banda terrorista, que en aquellos años multiplicó de forma trágica su actividad, los había confundido con policías. Mintieron o, aprovechando nuestra perplejidad, trataron de imponernos la verdad de sus obsesiones ideológicas, como tantas otras veces.

Cuando leí la noticia me atravesó un profundo hálito de tristeza porque, siendo habitante de esa población y especialmente sensibilizado contra las barbaridades de la banda armada, no me acordaba de ellos. Mi memoria, que muy a nuestro pesar siempre es selectiva, me había traicionado. Reconozco que en mi recuerdo están sobre todo presentes las víctimas que me atravesaron de manera personal, el resto forman parte de una reunión de nombres, cuyo reconocimiento encomiendo a la historia, aunque esta, tristemente, casi siempre se escribe, en demasiadas ocasiones, con renglones torcidos. Los historiadores necesitarán décadas para dar cuenta también de todos los daños colaterales que, de forma multilateral, causó aquella cosa, como la suele denominar el escritor Iban Zaldua.

En su célebre La memoria, la historia, el olvido, Paul Ricoeur nos señala que la memoria (también se refiere a la reminiscencia), muchas veces -dice- ligada a lo visual o auditivo, siempre es parcial y personal, es decir, cargada de subjetividad, (incluso la colectiva) y la historia, que por definición tienda a la objetividad material y científica, también es incompleta porque nunca se acaba de cerrar del todo.

Aunque desde la ilustración la historia haya perseguido superar el carácter ejemplarizante que hasta entonces la caracterizaba –hasta que Hegel escribiera su Fenomenología del espíritu no podemos hablar propiamente de historia como ciencia social epistemólogica – no acaba de desprenderse del todo de esa función moralizadora y, en demasiadas ocasiones, impositiva. No hay más que ver como se trasmiten las correspondientes historias nacionales en las escuelas para comprobar su parcialidad y su interpretación sesgada. En la  recopilación  de textos que Homi K. Bhabha hizo en  Nación y narración, ya nos habló de las contradicciones constitutivas de lo nacional y, debido a que en la cultura siempre habita la diferencia, de las dificultades de establecer un solo canon narrativo. Seguir leyendo

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DERECHO A LA MEMORIA

Podría decirse que la Transición fue el período de cambio político que permitió dejar atrás el régimen franquista e inaugurar una nueva época democrática, más o menos desarrollada y legitimada en la actual Constitución. Han pasado más de cuarenta años desde entonces y todavía no hay un acuerdo social definitivo sobre la manera en la que se produjo aquel pacto entre las fuerzas herederas del régimen anterior y los partidos políticos de la oposición antifranquista. Aunque la participación en el referéndum de 1978 para la aprobación de la Constitución llegara al 67%, de los cuales casi un 12% fueron negativos, nulos o en blanco -en Euskadi las cifras de participación fueron menores y los votos en contra bastante más altos-, la mayoría fuimos más o menos cómplices de su aprobación. Como dice Marta Sanz me permito considerar mejorable la Transición, pero nunca me atrevería a impugnarla en su totalidad.

Más allá de la retórica triunfalista y la corrección analítica de ciertos historiadores y complacientes aduladores de aquel consenso, la Transición fue también, en cierto modo, una especie de caro peaje para que una parte significativa de la estructura política que sustentó el régimen franquista –por tanto, también sus desmanes, tropelías, abusos y actos antidemocráticos- saliera intacta de cualquier operación que implicase investigar, aclarar, denunciar y, en consecuencia, actuar jurídicamente contra los estamentos, instituciones, asociaciones y personas, especialmente implicadas, cómplices de aquel régimen autoritario.

Todavía hoy, lamentablemente, se perciben bastantes huellas de aquellas concesiones en algunas partes de las actuales estructuras del Estado (el propio régimen monárquico –la inviolabilidad del rey emérito-  parte del poder judicial, el ejército y la policía o de algunos entramados administrativos; en el nomenclátor e imaginario monumental de nuestras calles y plazas, así como, por desgracia, en la existencia de organizaciones, fundaciones y partidos políticos fieles al ideario franquista, es decir tradicionalistas, ultranacionalistas o cercanos a las posiciones católicas más retrógradas que, de forma impune, siguen muy presentes y, lamentablemente, cada vez más activas.

A esto, se añaden las dificultades que todavía persisten para estudiar documentos oficiales sobre episodios claves de nuestro pasado reciente, en especial los acecidos entre la Segunda República y el final de la  Transición. Materiales absolutamente necesarios para conocer mejor las razones por las que se mantiene en nuestra sociedad cierto entramado post-franquista, con amplia repercusión sociológica e influencia política; o para investigar las actividades de las organizaciones ultraderechistas a lo largo  de todos estos años. Casi todas las asociaciones importantes de historiadores llevan años reclamando la desclasificación de documentos que Carmen Chacón, la difunta Ministra del Ejército, intentó en vano aprobar en el 2011 o esperando la aprobación definitiva de la reforma de la ley de Secretos Oficiales, promovida por el PNV en el 2016.

Todas esas trabas, sofisticadas y complicadas de justificar sino fuera por la actitud cómplice del PP y C´S, conforman un auténtico veto a la historia y a nuestro derecho a la memoria. Aunque parezca mentira, según Carlos Sanz, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, muchas de las investigaciones se tienen que hacer en archivos históricos de otros países; o deben realizarse corriendo el riesgo de ser imputados por delitos de revelación de secretos, como en el reciente caso del fotógrafo Clemente Bernard y la gestora cultural Carolina Martínez que han sido acusados por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz de Navarra de intromisión en su intimidad por, según ellos, intentar grabar en la cripta del Monumento a los Caídos de Iruña/Pamplona determinadas imágenes privadas para la grabación del documental A sus muertos,  y se enfrentan a una pena de dos años y seis meses, en un juicio previsto para los próximos 14 y 15 de noviembre.  Es importante recordar que ese edificio es propiedad del Ayuntamiento y, a pesar de que su usufructo está cedido al Arzobispado, tiene o -mejor dicho- debería tener un carácter público.

 El cortometraje, que se puede ver en las redes sociales, trata de adentrarse en la historia de ese especie de anacrónico panteón, donde al parecer se siguen realizando misas en honor a los golpistas caídos por la patria del bando fascista en la guerra civil española. La Hermandad, de rancio abolengo, fue creada en 1939 por excombatientes requetés para “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España” y el monumento, de inconfundible estilo neoclásico y parafascista, se inauguró en 1942 en memoria de los muertos del bando de sublevados contra la República.

El documental se presenta, precisamente, como un alegato contra la impunidad histórica. Es un intento de apelación contra el desconocimiento generalizado de la historia del edificio y del uso que todavía se da a ese espacio, y actúa como herramienta para subsanar la ignorancia. En esta misma dirección se orienta un manifiesto colectivo, encabezado por el poeta Juan Carlos Mestre y el sociólogo Emilio Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, lanzado a favor de los dos investigadores imputados, donde aseguran que este juicio es “un nuevo y flagrante atentado contra la libertad de investigación y expresión, que son la base del código deontológico del ejercicio del periodismo documental y una gravísima restricción de las libertades públicas y democráticas de nuestro país”.

Representar el mundo es una manera de construirlo, de intervenir en él, lo cual no implica que las acciones que se cometen -o se acometen o se perpetran- con las expresiones artísticas sean punibles o deban ser silenciadas si no reproducen los dictados del poder establecido. Como dice Marta Sanz en Monstruas y Centauras. Nuevos lenguajes del feminismo las sociedades que no blindan la pluralidad de sus polifonías estéticas son sociedades autoritarias y concluye la escritura ¿por qué Torquemada, los tórpidos censores del franquismo, los actuales paladines de la cerúlea corrección política, los legisladores de leyes mordazas queman, tachan, prohíben o meten en la cárcel a raperos, titiriteros y otros apologetas» de todo lo que no se puede decir? Por cierto, Marta es también autora del Blancanieves, editado en la colección Alkibla,dirigida por Carolina y Clemente, que ademas, con sus fotografías, ilustra esta versión del cuento clásico.

No se puede meter a nadie en la cárcel por un ejercicio artístico. Somos responsables de nuestras palabras, pero solamente de ellas. Ahora que al parecer resurgen de nuevo los viejos eslóganes de dios, patria y rey y, por tanto, reaparecen el odio al rojo -podemitas, anarquistas o izquierdistas en todas sus acepciones-, al separatista -aunque sea federalista o incluso un simple autonomista-, al ateo -o en su caso musulmán y por ampliación cualquier emigrante de extraña cultura-, al homosexual -o cualquier otra trans-desviación que rompa con la familia tradicional-, el derecho a la memoria histórica y a la libertad de expresión son más necesarios que nunca.

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GRAMÁTICA DEL CONTACTO

Estos días se he escrito mucho sobre la “autenticidad” de la tesis doctoral del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; hace unos meses, coincidiendo con el lanzamiento del videoclip Malamente  de Rosalía, sobre la “originalidad” musical de esta joven cantante a la que, siendo ella “blanca” y “catalana”, se la acusaba de instrumentalizar la “identidad” gitana. Lo mismo podríamos decir de los debates que se han generado en torno al Niño de Elche  sus derivas polifónicas y su posición heterodoxa y excéntrica en relación al flamenco (“confieso que he robado llegó a decir en una entrevista reciente”).  En este marco, también se ha hablado sobre la manera en que la industria discográfica se  suele adueñar de la cultura popular – regaetton, rap, trap etc- para neutralizar su potencia crítica. Podríamos hacer una larga lista de conflictos sobre adaptaciones, remakes, similitudes, más o menos encubiertas, incluso pastiches o plagios de la historia del cine.

 

En unos casos u otros, el caso es que siempre estaremos a vueltas sobre los conceptos “original” y “copia” y, a su lado, sobre la diferencia entre alta y baja cultura, elitismo o populismo, bellas artes o artesanía, formalismo o conceptualismo, canon o revisión, academicismo o experimentación, trabajo individual o colaborativo, derecho o consumo, debates tras los que aparecen numerosas experiencias artísticas en torno al aura, al valor del objeto, a los nuevos lenguajes, a la desaparición del autor, pasando por todos los grados de iconoclastia de las vanguardias artísticas, incluidos los readymadesde Duchamp – en especial su popular Fuente, el urinario invertido presentado en el Primer Salón de los Independientes en 1917, tal vez el ejemplo más popular de todas las paradojas artísticas mencionadas- por consiguiente, incluso otros debates en torno a la propia “veracidad” de la obra de arte. Ahí está, el magnífico ejemplo deF for Fake, la última película completa de Orson Welles, presentada en 1974, donde en un alarde malabar –así empieza la película- se nos cuenta la vida de Elmy de Hory, famoso falsificador, que sirve como telón de fondo para una original y, casi cínica, reflexión sobre la autoría, la originalidad y la autenticidad de la obra de arte; y mucho más allá, hasta la actualidad donde la tristemente célebre postverdad nos ha dejado huérfanos de certezas.En definitiva, todos ellos temas recurrente de la gestión cultural, tan viejos y problemáticos como la historia de la creación porque, por encima de binarismos simplificadores, unos y otros se interpelan y relacionan a través de numerosos entrecruzamientos y bastardías (reconozco que no son cuestiones  fáciles de resolver, pero me niego a aceptar que unas opciones se impongan a las otras). Jorge Luis Marzo señala en su reciente La competencia de lo falso. Una historia del fake, que lo mismo podría decirse de las formas en las que la economía del arte refleja también esas mismas paradojas irresolubles: desde el concepto medieval de autoría, fundamentalmente colectivo, abierto y muchas veces anónimo, pasando por los talleres artísticos del Renacimiento, donde la expresión maestroestaba también mediatizada por un sistema de trabajo colaborativo y artesanal, hasta la creación de un mercado cultural, de la mano del copyrigth,protegido por el  Estado burgués. A partir de este momento – en un ciclo largo temporal- la profesión de artista pasa a ser una actividad individual e intransferible que deja de formar parte de formas de creación colectiva (nunca he llegado a entender del todo esa interesada predisposición de la industria a poner en el centro al director de las películas o a vanagloriar a actrices y actores, intérpretes al fin y al cabo, olvidándose de guionistas, montadoras, músicos o responsables de fotografía; en ese sentido, hace unos días Vine Gilligan, productor de Expediente X Breaking Bad, reivindicaba la creación audiovisual como un trabajo eminentemente colectivo, “hacer una serie es como construir un rascacielos, insistía, se necesitan muchas manos para hacerla”). Seguir leyendo

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PASAR, CUESTE LO QUE CUESTE

En las primeras páginas de Pasar, cueste lo que cueste, George Didi-Huberman nos presenta a la poetisa Niki Giannari como la más clandestina de las escritoras griegas actuales. Nacida en 1968, vive en Tesalónica donde colabora con el Dispensario Social de Solidaridad que auxilia a los desposeídos de toda clase, a los gitanos, refugiadas, a los sin papeles, a las sin techo. Algunos fragmentos de sus poemas acompañan las imágenes del documental Unos espectros recorren Europa, que realizó en el año 2016 junto a Maria Kourkouta. La película nos describe la vida en el campo de refugiados de Idomeni, lugar donde se ubica la primera estación de ferrocarriles de la frontera greco-macedonia. Mientras los trenes de mercancías cruzaban sin obstáculos la frontera, esta se cerraba para los seres humanos. Los capitales circulaban con libertad, las personas eran retenidas y encerradas. Aquel año llegaron a apiñarse allí más de trece mil personas, tras huir de Siria, Afganistán, Pakistán y otros países de Oriente Medio. El film también nos muestra los colectivos solidarios que trabajaban con ahínco para hacer posible una vida digna en aquel espacio de esperanzas traicionadas, vallado con sangrientas alambradas de púas.

Imágenes parecidas se producen casi todos los días a lo largo y ancho de la frontera sur mediterránea, desde Ceuta y Melilla o Algeciras, hasta Lesbos en Grecia o Kahramanmaraş en Turquía, pasando por la isla italiana de Lampedusa. También en los numerosos Centros de Internamiento (CIES) de nuestras ciudades, auténticos campos de concentración. Seguir leyendo

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