ARTISTAS EN TIEMPOS DE PRECARIEDAD

Un nuevo año avanza inexorablemente y no parece que los asuntos de la economía que afecta a la vida cotidiana vayan a cambiar demasiado. La aparente recuperación, proclamada a bombo y platillo, se sigue haciendo en beneficio de esa abstracta macro-economía que tan bien manejan los que, no por casualidad, produjeron el caos financiero, primero; y después, para hacernos creer que lo iban a resolver, impusieron la “crisis” con sus medidas de ajuste en el sector público – apropiación privada de bienes del estado- y a costa de la austeridad y la mico-economía, pegada a la realidad más cotidiana, de las mayorías silenciadas. Mientras unos pocos son ahora más ricos y poderosos, el resto estamos perdiendo derechos sociales y tenemos que enfrentarnos a los costes de la vida cada vez con menos recursos. Esta no es una mera afirmación ideológica, sino datos confirmados por el reciente informe de Oxfam Intermón donde se afirma que la brecha salarial se ensancha cada vez más. Según esta ONG, la mayoría de los euros procedentes del crecimiento económico van a parar a los bolsillos de los más pudientes que consiguen embolsarse cuatro veces más dinero que la franja más pobre de la población.

Aunque la crisis ha supuesto un severo ajuste económico para gran parte de la población, en el sector público las artistas, trabajadores y autónomos culturales han sido sin duda los más afectados porque, los diez últimos años, los recursos públicos destinados al arte y la cultura han disminuido entre un 30% y un 50%. Tan sólo el Gobierno central ha reducido sus presupuestos de 1.225 millones de euros hasta los 801 euros del año pasado.

Esta reducción no es sólo consecuencia de un ajuste presupuestario, más o menos temporal, también responde a los ocultos intereses de privatización del sector y, en consecuencia, con la intención de ir traspasando, poco a poco, competencias al sector privado. Al fin y al cabo, en la lógica de las mentalidades más liquidacionistas y privatizadoras de nuestra clase política gobernante, el arte y la cultura no son tan necesarios como pudieran serlo otros servicios sociales, a los que también les han puesto fecha de caducidad, pero que todavía no se atreven a liquidar del todo. Sin embargo, para los que pensamos que, al contrario, son también sustanciales para el pleno desarrollo comunitario – sobre todo para la educación, la inteligencia colectiva y la riqueza cultural- nos preocupa que las diferentes administraciones no estén haciendo todo el esfuerzo necesario para detener el progresivo deterioro de las condiciones económicas en las que, tras recortes sucesivos, continúan instaladas las instituciones públicas dedicadas a la cultura y, sobre todo, para paliar la situación de extrema precariedad en la que sobreviven los agentes culturales que les dan pleno sentido.

Muchos de estos productores y creadoras –bastante más éstas por el paulatino proceso de feminización de la pobreza- podrían reconocerse en la descripción del precariado laboral que hace Guy Standing en El precariado. Una nueva clase social, cuando se refiere a la gente que tiene trabajos inestables y no llega a fin de mes (desde los becarios que trabajan de camareros hasta las migrantes en situación irregular que cuidan personas mayores o hacen venta ambulante en las calles): carácter discontinuo del trabajo, empleos temporales, amenazas permanentes de despido, inseguridad económica y, en general ingresos bajos, inestabilidad sistémica y flexibilidad extrema en sus condiciones contractuales, por tanto, también ausencia de derechos laborales, protecciones sociales regulares. Es decir, como nos recuerda Maite Aldaz en su texto “Institución arte y precariedad”, editado por Carmen Navarrete y Juan Vicente Aliaga y publicado en Producción artística en tiempos de precariado laboral la desregulación total de la vida. En definitiva una existencia fragilizada, con alta inestabilidad emocional, dando carta de naturaleza a la incertidumbre como modo de existencia.

Precisamente hace unos días, en Bilbao, se ha celebrado Prekariart, el primer congreso internacional sobre la precariedad y las alternativas en el trabajo del arte contemporáneo. En las jornadas, entre otros muchos asuntos, se ha puesto de manifiesto que las instituciones públicas, en una parte sustancial, núcleo fundamental sobre el que pivota gran parte de la economía del arte y la cultura – por lo menos en nuestro contexto- no solo no han combatido esa realidad sino que, sin ningún tipo de autocrítica, se han dejado llevar por las mismas dinámicas de desregulación y pauperización del sector. A lo que se añade la otra cara de la moneda, la pesada y, muchas veces, torpe y lenta burocracia que se interpone cada vez más entre la administración y la sociedad civil creativa a la que acaba desesperando y neutralizando. De esta manera, la administración pública, en lugar de ser ejemplarizante, se convierte en colaboradora complaciente de los procesos de precarización artística.

Parafraseando a Remedios Zafra en su reciente El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, último premio Anagrama de ensayo, hablamos de una multitud de personas, alimentada de becarios sin sueldo, trabajos en prácticas no remunerados, contratados por horas e interinos, solitarios escritores de gran vocación, autónomos ilusionados, errantes, doctorandas embarazadas, colaboradores y críticos culturales, polivalentes artistas, comisarias y jóvenes permanentemente conectados que siempre “compiten” entre ellos para conseguir retribuciones dignas por su trabajo, muchas veces negándose unos a otras.

De esta manera, el sistema cultural funciona como un espejo donde se reflejan las mismas señas de identidad del capitalismo más depredador: emprendimiento, creatividad a coste cero, competitividad, mercantilización, flexibilización, individualización, precarización, etc. Actúa con la misma lógica productivista, acelerada y consumista, en demasiadas ocasiones espectacularizante –productos de venta fácil y rápido consumo- y en muchos casos vacía (producir por producir), muy alejada de una temporalidad más respetuosa con el trabajo digno y cuidador que permita cualificar mucho más los contenidos y sus procesos de producción.

No hay duda: si las instituciones culturales no tienen suficientes recursos públicos, ni herramientas jurídicas adecuadas, ni medios personales para abordar como es debido todos sus programas, deberían aplicar un principio básico de la ecología cultural: hacer menos, con mucho más tiempo, en adecuadas condiciones de producción y con una mejor y más justa redistribución de los recursos entre las creadoras y agentes culturales, que son precisamente los más afectados por la crisis, paradójicamente, el eslabón más importante y necesario de la cadena de valor.

En la investigación La actividad económica de los/las artistas en España, coordinado por los profesores Marta Pérez e Isidro López-Aparicio, el paisaje que se describe es desolador: “Más del 45% afirma que sus ingresos totales anuales, ya sea por actividades artísticas o de otra índole, se sitúa por debajo de los 8.000 euros, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional en España. De esos ingresos, los que proceden del arte tan solo llegan al 20%”.

La mayoría de los artistas han vivido su vocación dentro de una permanente fragilidad económica, pero ahora ésta la atraviesa, la caracteriza y la define, más que nunca. Es cierto que en este sector, por su propia condición autónoma e independiente, los límites entre profesionalidad y amateurismo son confusos. Hay pocos artistas con dedicación plena y específica, ya que muchos suelen compaginar su trabajo con la enseñanza u otras labores derivadas de su experiencia y conocimiento; pero más allá de esa realidad difusa –donde el capitalismo cognitivo tiene uno de sus espejos- lo cierto es que las instituciones públicas, que tienen entre sus objetivos al apoyo al arte, o las privadas, que los promocionan en el mercado, recurren a ell@s para cubrir las necesidades de sus programas. Por tanto, se les reclama por su calidad artística y sus conocimientos, reconociendo así, de forma implícita su profesionalidad. En consecuencia, deberían ser tratados, tanto en el sector privado como en el público, con la misma dignidad que se merece cualquier otro profesional de otro sector que tiene, más o menos, regulados sus derechos o con los de los propios trabajadores estables de la institución o entidad que los acoge: contratación normalizada, según justas temporalidades pactadas en función de la duración de los proyectos acordados; remuneración neta digna; retribuciones que contemplen las obligaciones correspondientes a la seguridad social (seguro de enfermedad, maternidad, paternidad, invalidez, desempleo, pensiones), durante todo el proceso de trabajo (no sólo la fase final); adecuadas condiciones de trabajo, respeto profesional, regulación fiscal etc..

En definitiva, en concreto y con muchas más motivo, las diferentes administraciones públicas, en lugar de continuar siendo cómplices con las políticas de precarización, deberían ser las primeras en aceptar y aplicar, con todas las consecuencias, las históricas reclamaciones que durante años se han venido reivindicando desde el sector y que siempre se han ido postergando. La mayoría de ellas están perfectamente recogidas en los sucesivos borradores y propuestas para el desarrollo de un definitivo Estatuto del Artista que se ha presentado en el parlamento y que los últimos gobiernos han venido rechazando, uno tras otro.

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REINA DE CALDEREROS. CARNAVALES 2012

Hoy es domingo de Carnaval. Hace muchos años que, por diferentes razones, dejé de participar activamente en ellos. Ni siquiera en los famosos Inauteriak de mi pueblo,Tolosa, en los que hace muchos años tantas veces perdí el sentido para pasar al otro del espejo y vivir la realidad con otra perspectiva. En cierto modo, frente al orden dogmático de la cuaresma eclesial, las carnestolendas – los días que preceden al miércoles de ceniza- eran propicias para gozar de la carne – en su sentido más amplio- y del don de la ebriedad – también en todas sus formas-  que diría el poeta Claudio Rodriguez.

Como única excepción, hace seis años, cuando todavía seguía vinculado a la Capitalidad Europea de la Cultura, las comparsas de Caldereros de Donostia/San Sebastián – que una semana antes con sus bailes y canciones anuncian la llegada del Carnaval- me invitaron a que saliera disfrazado representando a su reina, junto a mis damas de honor, Igor Otxoa, entonces Director Cultural, y Katerin Blasco Egia, responsable de comunicación.

Además de acompañar, subidos en una carroza, a las gitanas y caldereros de Hungría por las calles de la ciudad,  tuvimos que dar los discurso de bienvenida al Carnaval del año 2012 desde el balcón del antiguo Ayuntamiento en la Plaza de la Constitución.  Yo lo hice en castellano y las damas en euskara.

He aquí el texto que hasta ahora no había dado a conocer. Lo publico en mayúsculas porque así lo debí escribir para poder leerlo mejor. El tono jocoso esconde también cierta intención política.  No he encontrado por ningún lado la grabación del acto pero hay algunas fotos que dan buen testimonio de aquella fiesta o, mejor dicho, fiestón.   Seguir leyendo

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EL IM(POSIBLE) CENTRO MULTICONFESIONAL EN EL 2028

En la arquitectura religiosa el punto básico para su renovación son los problemas para la recreación del espacio religioso y para ello la primera regla sensata es la desocupación del espacio, limpiar de formas intermedias y parásitas simbólicas y ornamentales, el espacio interior. Abrir el camino directo entre el hombre y Dios, su propia intimidad de la conciencia”.

JORGE OTEIZA, 1958 

Cuando aquella fría mañana de los últimos días del año 2017, Felipe de la productora Zemos 98 se puso en contacto conmigo para proponerme escribir el guion de la siguiente película de Juan Bravo, pensé que no eran muy conscientes de lo que estaban haciendo. No me cabía en la cabeza que, conociendo mi estilo de escritura tan poco imaginativa, pensaran en mí para realizar una película de ciencia ficción que debía desarrollarse en el 2028. Había cientos de escritoras y otros tantos expertos narradores con mucha más experiencia y, desde luego, con más capacidad inventiva. De todos era conocido que yo no era muy creativo. Toda mi vida me había dedicado a mediar con el talento artístico de las demás. Como solía decir mi buen amigo Ritxi, mi trabajo se parecía mucho al de las hackers o al de los costureros. No en vano la palabra texere, que quiere decir texto en latín, significa también coser.

De hecho, mi principal metodología de trabajo era la gramática del contacto, esa forma de reconocer todas las voces y conocimientos que habían atravesado mi vida, que me permitía citar, reescribir a partir de otros textos, remezclar para volver a hacer y rehacer. Hay un escritor de Tolosa, mi pueblo, llamado Karlos Linazasoro –al que conocí hace muchos años cuando era alumno de mis clases de Historia del Arte en la Ikastola Laskorain- notable poeta y novelista, que ha inventado un nuevo verbo para nombrar esa forma de escritura que no tiene vergüenza en aceptar esa condición dependiente de la voz y el texto ajeno: plagiacitar. Cuando lo leí, le comenté que, en cuanto pudiera lo utilizaría, eso sí, mencionado el código fuente. Al fin y al cabo, el mutuo reconocimiento también supone la compensación recíproca.

A pesar de mis dudas, decidí aceptar la invitación porque el reto me lo proponían mis buenos amigos sevillanos que además iban a conmemorar el vigésimo aniversario de aquel pionero festival celebrado por primera vez en El Viso del Alcor.

Si había algo que me atraía de aquel encargo era la idea subyacente, la noción misma del viaje a través del tiempo como a Sidney Orr, uno de los protagonistas principales de La noche del oráculo, la célebre novela de Paul Auster, que leía cuando me llamaron, donde el director de cine Bobby Hunter le encarga escribir un guión basado en La máquina del tiempo de H.G. Wells. Seguir leyendo

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IMAGINARIO POPULAR NAVIDEÑO

Estos días navideños hemos vuelto a escuchar comentarios despectivos y han resurgido los debates locales y las trifulcas políticas en relación con las representaciones navideñas y la supuesta falta de legitimidad de algunas figuraciones contemporáneas que han intentado actualizar las “tradicionales” y, supuestamente, “auténticas” composiciones navideñas. Todos recordamos el lío que se organizó hace dos años con los cambios en las vestimentas y el estilo de la cabalgata de reyes madrileña –en el fondo otra escusa simbólica, parte de las guerras culturales, para atacar al gobierno de Ahora Madrid-; las discusiones sobre las reinas magas o los recién incorporados drag queen en la cabalgata de Vallecas.

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ARCHIVO, PATRIMONIO Y BIEN COMÚN

Hace seis años, el 9 de noviembre de 2011 se inundó Arteleku, el que fuera Centro de Arte y Cultura Contemporánea de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Una de esas experiencias institucionales públicas que se dejan atravesar y afectar por la vida y los deseos de sus habitantes. Aquel desastre natural y algunas decisiones políticas posteriores terminaron definitivamente con aquella pionera fábrica para artistas y espacio abierto al pensamiento crítico. Hace unos meses comenzaron las obras de construcción del nuevo barrio de Txomin Enea, una de cuyas plazas principales llevará el nombre de Arteleku, como pequeño homenaje a treinta años de historia de aquella institución artística y como huella indeleble de un tiempo pasado.

Ahora, un acuerdo entre el Departamento de Cultura, Turismo, Juventud y Deportes de la Diputación, el Decanato de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao y la Dirección de Acción Cultural de la EHU/UPV, con la colaboración de Tabakalera y su biblioteca de creación Ubik, permitirá que la memoria –“las memorias”, sería más correcto- el archivo y el patrimonio material e inmaterial de Arteleku se rehabilite y se ponga a disposición pública. Una memoria social -más que colectiva- recopiladora de múltiples fragmentos de microhistorias personales y comunitarias o de relatos subjetivos o narraciones, más o menos, objetivas.

 

Nuevo barrio de Txomin Enea y Plaza central denominada “Arteleku”

Cada vez son más las instituciones públicas que incluyen entre sus objetivos la digitalización de su patrimonio, a la vez que comparten y promueven su distribución en el ámbito del dominio público. La propia Diputación cuenta con Gure Gipuzkoa, un excelente repositorio abierto de imágenes sobre el territorio. Además tiene previsto poner en marcha un renovado y ampliado portal, denominado MetaG, donde se recogerán prácticamente todos los materiales patrimoniales de las diferentes colecciones de la institución. Otro tanto se podría decir del Mapping Album del Museo Zumalakarregi, que a partir de grabados del siglo XIX de municipios de Euskal Herria, mostrando como se ha transformado el paisaje, invita a realizar un viaje hasta la actualidad. También es muy recomendable el archivo de la Fototeca de la Kutxa, donde se pueden consultar más de medio millón de fotografías desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Seguir leyendo

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LEER Y ESCRIBIR EN LA ERA DE LAS MULTINACIONALES 

A mediados de octubre se celebró la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, probablemente la más importante de Europa. A finales de noviembre ha tenido lugar la de Guadalajara en México, a su vez, la primera feria de Latinoamérica y la más destacada del mundo en lengua castellana. En esta edición la ciudad de Madrid ha sido la invitada de honor. A principios de diciembre la de Durango en Euskadi, que desde 1965 viene siendo el mejor escaparate para mostrar la producción cultural vasca y especialmente la que se hace en euskera. Aunque cada feria tiene su propia identidad, todas son una ocasión excelente para tomar el pulso a la situación del mundo del libro y la lectura.

En las ferias, igual que en los festivales de cine o música, el frágil equilibrio entre iniciativa pública y privada o entre pequeñas empresas y grandes compañías, se manifiesta con todas sus consecuencias y contradicciones. En estas citas populares y encuentros de especialistas, también las clásicas dicotomías conceptuales de las que tanto se habla entre los profesionales de la cultura – calidad o cantidad; minorías frente a mayorías; cultura de élite o cultura popular; especialistas o aficionados; ensayo y experimentación frente a banalización; cultura y arte contra industria y negocio; multinacionales o editoriales independientes; grandes superficies comerciales o pequeñas y medianas librerías, etc.- adquieren rango de aporía, entendida como razonamiento donde surgen paradojas irresolubles. No es fácil afirmar y mucho menos dogmatizar si es “mejor” leer a la filósofa Hannah Arendt o a Paulo Coelho, escuchar Lady Gaga o Mozart. Está claro que los caminos hacia el conocimiento son inescrutables y cada cual es muy libre de elegir el suyo (habría que añadir también la dicotomía educación o negocio, en tanto en cuanto la industria editorial dedicada a los libros de texto juega un papel fundamental a la hora de señalar los vicios y problemas del sistema educativo. Este capítulo, por si solo, merecería una extensa reflexión ya que, además de que supone el mayor volumen del comercio del libro, es donde mejor se manifiesta la lenta transformación de los métodos de enseñanza en los colegios).

Ferias del libro de Madrid y Durango (País Vasco)

Más allá de las dificultades que implica intentar resolver las paradojas mencionadas, estas reflexiones que siguen tratan de analizar hasta donde, para los que seguimos pensando que el acceso a la cultura es un derecho social, podemos exigir a las administraciones públicas determinada política cultural de apoyo al libro o a la producción de contenidos y, por extensión, al fomento de la lectura, con todo lo que conlleva en los procesos formativos de las personas y de su emancipación. Seguir leyendo

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